14 octubre, 2006

Conexiones (I): Le Horla, Joseph Turner y el laberinto de Kubrick

Hoy inauguro una especie de sección dentro de este blog, titulada Conexiones, en la que, a modo de juego, pretendo unir entre sí tres manifestaciones artísticas que conectan en algún punto. En este caso, ha sido la casualidad la que ha querido que en la misma semana haya sentido y pensado lo mismo con Maupassant, Turner y Kubrick.


Ayer estuve releyendo El Horla, un relato de corte fantástico escrito por Guy de Maupassant en 1887. En forma de diario, el autor nos presenta a un hombre que progresivamente va sintiendo la presencia en su vida de un elemento extraño, invisible e inexplicable, que va invadiendo todos los rincones de su voluntad. Se podrían comentar infinidad de cosas de este intensísimo relato de apenas cuarenta páginas, pero lo que más me ha impactado en esta lectura es su reflexión sobre los sentidos humanos, sobre la perspectiva mínima que condiciona nuestra visión del mundo. Cuando el protagonista viaja al Mont Saint-Michel, conversa con un monje que vive allí en el monasterio, y le dice:

Est-ce que nous voyons la cent-millième partie de ce qui existe? Tenez, voici le vent, qui est la plus grande force de la nature, qui renverse les hommes, abat les édifices, déracine les arbres, soulève la mer en montagnes d'eau, détruit les falaises, et jette aux brisants les grands navires, le vent qui tue, qui siffle, qui gémit, qui mugit, — l'avez-vous vu, et pouvez-vous le voir? Il existe, pourtant.

(¿Acaso vemos la cienmilésima parte de lo que existe? Observe por ejemplo el viento, que es la fuerza más poderosa de la naturaleza; el viento, que derriba hombres y edificios, que arranca de cuajo los árboles y levanta montañas de agua en el mar, que destruye los acantilados y que arroja contra ellos a las grandes naves, el viento que mata, silba, gime y ruge, ¿acaso lo ha visto alguna vez? ¿Acaso lo puede ver? Y sin embargo existe.)

Más adelante en el relato un experto en hipnotismo expresa esta misma idea así:


Depuis que l'homme pense, depuis qu'il sait dire et écrire sa pensée, il se sent frôlé par un mystère impénétrable pour ses sens grossiers et imparfaits, et il tâche de suppléer, par l'effort de son intelligence, à l'impuissance de ses organes. Quand cette intelligence demeurait encore à l'état rudimentaire, cette hantise des phénomènes invisibles a pris des formes banalement effrayantes. De là sont nées les croyances populaires au surnaturel, les légendes des esprits rôdeurs, des fées, des gnomes, des revenants, je dirai même la légende de Dieu, car nos conceptions de l'ouvrier-créateur, de quelque religion qu'elles nous viennent, sont bien les inventions les plus médiocres, les plus stupides, les plus inacceptables sorties du cerveau apeuré des créatures. Rien de plus vrai que cette parole de Voltaire. « Dieu a fait l'homme à son image, mais l'homme le lui a bien rendu. »

(Desde que el hombre piensa, desde que aprendió a expresar y a escribir su pensamiento, se siente tocado por un misterio impenetrable para sus sentidos groseros e imperfectos, y trata de suplir la impotencia de dichos sentidos mediante el esfuerzo de su inteligencia. Cuando la inteligencia permanecía aún en un estado rudimentario, la obsesión de los fenómenos invisibles adquiría formas comúnmente terroríficas. De ahí las creencias populares en lo sobrenatural. Las leyendas de las almas en pena, las hadas, los gnomos y los aparecidos; me atrevería a mencionar incluso la leyenda de Dios, pues nuestras concepciones del artífice creador, sean de la religión que sean, son las invenciones más mediocres, estúpidas e inaceptables que pueden salir de la mente atemorizada de los hombres. Nada es más cierto que este pensamiento de Voltaire: "Dios ha hecho al hombre a su imagen y semejanza, pero el hombre tampoco se ha quedado atrás".)

Al margen de las implicaciones religiosas, este pensamiento, expresado aquí tan sencilla como eficazmente (una reflexión más informal que filosófica), lleva a la relativización total y radical de la posición desde la que el ser humano mira la naturaleza y reflexiona sobre ella. De la misma manera, se acusa aquí como en otros escritores de la época (pondría como ejemplo a Jack London, en La llamada de lo salvaje), la influencia del evolucionismo, y su poder destructor de una visión absoluta y definitiva del hombre como ser perfecto. Así, Maupassant hace decir al protagonista del relato, refiriéndose a esa nueva presencia extraña: ¡Un ser nuevo! ¿Por qué no? Tenía que venir, seguro. ¿Por qué íbamos a ser nosotros los últimos? (....) Después del hombre...El Horla. El hombre no es el fin de nada, sino que se encuentra en medio de una evolución, como el resto de la naturaleza. El suelo que pisa es débil, su perspectiva es limitada y pobre.


La historia de la pintura es la que mejor refleja esta evolución del autoconicimiento y la toma de conciencia de los límites del ojo humano. Un lugar excepcional lo ocupa, por su valentía y su preocidad, el pintor inglés de la primera mitad del siglo XIX, Joseph Turner. Observar sus obras de madurez es entrar en contacto con un espíritu inconformista e inquieto, que busca desesperadamente un lenguaje para expresar lo inexpresable de la naturaleza. Nunca nadie antes se había interrogado con tanta intensidad sobre la mejor manera de representar la bruma, la lluvia, el viento, todo aquello que el ojo humano ve menos nítidamente, todo aquello que escapa a nuestros sentidos groseros.

El lenguaje pictórico que para ello creó puede llevarnos a la idea equivocada de que lo que pretendía era evadirse de la realidad, romper la forma para crear en el cuadro una realidad paralela. Pero no es eso lo que buscaba Turner, sino hallar el medio de superar el salto sobrehumano que hay entre la realidad y el lienzo. Observador agudo y apasionado, él mismo cuenta que para pintar su cuadro titulado Snowstorm, pidió que le ataran al mástil del barco en el que viajaba en el momento más crudo de una tempestad, para poder sentir la furia de los elementos.

Su obra fue fuertemente rechazada por los críticos y los compradores de la época, incluso hasta el punto de que ni siquiera se tomaba la molestia de exponer sus últimos cuadros. Pero con ellos consiguió plasmar el paso revolucionario y radical que supone ser consciente de los sentidos humanos y sus límites, de la pequeña pero a la vez única y preciosa atalaya desde la que observamos lo que nos rodea.


Snowstorm



Ya en el siglo XX, la reflexión perspectivista no ha sido ya ninguna novedad y el rechazo a las visiones objetivistas o absolutistas de la realidad está muy extendido. Pero no por ello han dejado de producirse agudísimas y perturbadoras plasmaciones de esta idea. En 1980 se estrenó una película abrumadoramente buena en todos los sentidos (y que últimamente trae fascinada a Julia ;-) : The shining (El resplandor), de Stanley Kubrick. No voy a desvelar ningún punto de la trama, pero me gustaría llamar la atención sobre una escena que, en mi opinión, condensa a la perfección esta idea sobre la que vengo dando vueltas hace ya un rato.

En un momento de la película, el protagonista, Jack Torrence, interpretado por un enorme Jack Nicholson, se acerca a una maqueta de un laberinto de setos. Esa maqueta corresponde a un laberinto real, en el mismo hotel donde se encuentran, por el que pasean en ese mismo momento su mujer y su hijo. En un plano, Jack observa el laberinto en miniatura, desde lo alto, comprendiendo su orden perfecto, su simetría, interpretando los caminos que hay en él, dándoles sentido desde la única perspectiva en la que encuentra sentido: desde arriba. En el plano siguiente toda la pantalla está ocupada por la vista cenital del laberinto, en cuyo centro pasean la mujer y el niño. Ellos sin embargo son incapaces de orientarse en él, porque no tienen la perspectiva adecuada. No comprenden sus claves, porque su posición es muy limitada. En otra parte de la película, el propio Jack entra en el laberinto y queda completamente perdido en él. Es el mismo laberinto que antes controlaba, cuando podía verlo con su perspectiva de Dios. Y sin embargo ya no lo comprende, porque su capacidad de entenderlo está radicalmente condicionada por su posición.

La fuerza de la imagen es tremenda, y expresa como ninguna la idea que quiero expresar. La misma idea que perturba al protagonista de Le Horla, el mismo problema de perspectivas que apasionaba a Turner y lo espoleaba en su búsqueda del lenguaje pictórico adecuado a nuestros sentidos. Lo mismo que nosotros sentimos ante un paisaje dolorosamente bello, ante una visión desproporcionada, ante todo lo que nos hace acordarnos de nuestra condición. De nuestra pequeñez.


Fotograma de The Shining

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8 Comments:

At 14 octubre, 2006 21:07, Anonymous Alejandro dijo...

Hola Fernando! Me has tocado un punto sensible...varios, más bien. Lo primero de todo doble enhorabuena/agradecimiento: por el esfuerzo del post, muy original; y por la traducción: el texto original en francés es bastante asequible pero se te notan los cursos de la escuela de idiomas. ;-)

Digo que me has tocado varios puntos, porque "El Horla" es un relato que de vez en cuando revisito. Ahora hace mucho que lo leí por última vez, pero aprovecharé esta invitación para retomarlo. Es un texto fascinante, y muy, muy bien escrito. Así pues...primer punto en que me has tocado.

Luego...Turner!! Junto con C. D. Friedrich los dos más grandes paisajistas que conozco. Muy distintos, pero ambos se esforzaron en expresar con sus pinceles la presencia de lo anónimo, el estar ahí de lo innombrable: la bruma, la niebla, una montaña cara al vacío... No exagero si digo que he pasado muy largos ratos mirando la ilustraciones de mis libros sobre Friedrich y Turner -los pequeñitos que edita Taschen son una delicia, lo mismo por la calidad de las ilustraciones como por el nivel del texto de cada volumen-.

Y tercer punto donde me tocas....esa interpretación del grande, grandísimo Nicholson -para mi uno de los grandes, grandes, a la altura de pocos (Al Pacino, A. Hopkins..). Esa película de Kubrick es fascinante en la medida exacta en que es desconcertante. Quien no la conozca tendría un punto menos si ahora mismo llegase el Juicio Final.

Resumiendo...gracias por el post!

Si se me permite, aporto una recomendación literaria aprovechando la ocasión: "El maestro de Petersburgo", de J. M. Coetzee. Impresionante: qué prosa tiene este hombre. No había leido nada suyo todavía, pero voy a empezar a deborar todo lo que me deje mi bolsillo -le edita Mondadori y es carillo-. El autor se sitúa en el Petersburgo de 1869 para narrarnos la búsqueda que Dostoievsky lleva a cabo sobre las posesiones personales de un hijo suyo no carnal. Coetzee relata las discusiones interiores que sostiene Dostoievsky consigo mismo acerca de los motivos que pudieron llevar a su hijo a suicidarse. Entre tanto, la trama se complica y aparecen otros personajes maravillosamente dibujados, entre ellos Nechaev, un agitador que tuvo mucho eco en la Rusia de Bakunin y cia. El libro se lee de un tirón, engancha como pocos, y no tiene más de doscientas páginas. Muy recomendable, como digo.

Un abrazo!

 
At 15 octubre, 2006 11:51, Anonymous JoseAngel dijo...

Tres personajes que me encantan, y qué bueno verlos en una conexión inesperada (para mí... y para ellos desde luego). Pero quien conecta y ve relaciones es quien está mirando el laberinto desde arriba, ¿no es así, Fer? Saludings.

 
At 15 octubre, 2006 16:42, Anonymous Julia dijo...

Bua Fer... ¡pedazo de post! ¡Me encanta! Además con el "esto es como esto"...jeje ;-) (ya puedes ir haciendo más entregas, como dices ¿eh?).

Qué buena la relación que encuentras entre Le Horla y la escena de The Shining. Además, los dos protagonistas acaban "locos" (al menos aparentemente...) quizás por lo que dices: el mareo de sentirse figuras tan insignificantes dentro de un gran laberinto de señales indescifrables... o quizás puede q sea el hecho de haber alcanzado una situación superior al resto (y ver o sentir cosas q nadie más puede) lo que les lleve a renunciar a su limitada condición humana (en el caso de Jack Torrence intentando dominar ese "laberinto" matando a aquellos q se encuentran en él: su familia; y en el del prota de Le Horla revelándose contra ese ser sobrenatural que le persigue...). Y sin embargo, ambos acaban vencidos...

¿Significa eso q el ser humano es incapaz de trascenderse a sí mismo? Y enconces, ¿por qué al final de la película el niño (con una clara facultad sobrenatural) consigue salir del laberinto mientras Jack queda encerrado?

 
At 17 octubre, 2006 21:01, Blogger Fernando dijo...

Alejandro! Me alegro mucho de que te haya gustado el post. Y muchas gracias por la recomendación literaria, me tienes que dejar ese libro...


Sí que para ellos habría sido inesperado que alguien les conecte de esa forma; pero es que en el fondo todo artista busca en el mismo sitio, de muy diferentes formas, y cosas bien diversas, pero siempre tiene sus ojos humanos mirando hacia su propio interior y hacia el mundo que le rodea.
Muchas gracias por tu comentario, José Ángel :-)


Julia, no sé si responderte aquí, o abrir un nuevo comentario, o un nuevo post, o incluso un nuevo blog, porque menudas preguntas... :-P Me ha encantado lo que dices. La locura de ambos personajes tiene otras causas, claro está, pero se acentúa y se vuelve extrema por el motivo que dices: son seres que se sienten especiales, que son capaces de ver las cosas de un modo diferente, y no sólo eso, es que son conscientes de la enorme complejidad de una realidad inabarcable por nuestros sentidos humanos. Están dentro del laberinto, no saben orientarse, es verdad. Pero a la vez lo han visto desde arriba, al menos fugazmente. Saben que todo tiene una explicación, que todo tiene un nuevo sentido oculto al resto de los hombres. Pero no son capaces de encontrárselo. Por eso la locura. Es la conciencia extremadamente sentida de ser humanos.

Eso sí, me siento incapaz, no ya de responder, sino ni siquiera de intenarlo, a la preguna que haces en voz alta sobre si el ser humano es capaz de trascenderse. En el caso de estos dos personajes, el deseo de hacerlo, o al menos esa conciencia, los lleva al desastre (es como en las tragedias atenienses: el héroe intenta sobrepasar los límites de su condición humana y por ello es castigado). En el caso de Turner, el deseo de superar el límite de los sentidos y llegar a convertirlos en pintura es una quimera. No lo conduce al desastre, pero sí tal vez a la frustración de no haber llegado al objetivo absoluto (no hablo de Turner, hablo en general). Es lo que dice el Visionario de la película The Hours (http://lasemillaciega.blogspot.com/2006/10/visionary.html). Es la dolorosa conciencia del límite.

 
At 25 octubre, 2006 13:49, Anonymous David E. dijo...

Hablando de casualidades, y no son pocas las acontecidas en mi vida en las últimas semanas..., me alegra que trates el complejo y apasionante tema de la percepción de la realidad que rodea al ser humano, que lo constituye, que lo fundamenta, que lo enriquece, que lo engrandece y, en infinidad de ocasiones, lo humilla, lo asombra...

No es la primera vez que intentas abordar este problema a lo largo y ancho de esta semilla ciega (mismamente la elección de este título hace referencia a la cuestión que estamos tratando). No sé si habrá sido obra del azar o de la premeditación, pero en asuntos como el concepto de Paraíso de Gauguin, la galería fotográfica de Ron Mueck o el freaky-vídeo del chaval que posa delante de una cámara durante 6 años, se muestra de diferente manera la inserción del individuo en el universo, su visión, sus miedos, sus anhelos, sus pensamientos más profundos...

Siguiendo con las casualidades, desde hace un par de semanas estoy imbuido y abstraído en la lectura y comprensión de la consistente obra "El conocimiento humano", perteneciente al filósofo inglés, y premio Nobel, Arthur William Russell (1872-1970). El volumen es una apuesta por iluminar y entender las múltiples maneras que tiene a su alcance el ser humano para llegar a conocer el mundo, y conocerse a sí mismo, centrándose en el estudio de la inducción. Vaya por delante que, a mi entender, no existiría un único conocimiento sino múltiples, correspondientes a cada una de las personas que habitaron y pueblan el mundo, que interaccionan con él: "lo que cada hombre conoce depende, en un sentido importante, de su experiencia individual: conoce lo que ha visto y oído, lo que ha leído y lo que se le ha dicho, y también lo que ha sido capaz de inferir a partir de estos datos... Todo conocimiento es privado e individual... Esto plantea problemas de considerable importancia y un tanto difíciles, concernientes a la relación de la experiencia individual con el cuerpo socialmente reconocido de conocimiento general... No sabemos absolutamente nada, y el conocimiento es, en este sentido, una visión ilusoria... Para describir el mundo, el subjetivismo es un vicio". "El avance de nuestro conocimiento, suponiendo que tengamos éxito, es como el de un viajero que se aproxima a un amontaña en medio de la bruma: al principio sólo distingue ciertos caracteres generales, y aun estos tienen límites borrosos, pero gradualmente se hacen visibles más detalles, y los contornos se vuelven más nítidos... Sólo se conoce una parte infinitesimal del Universo".

No sólo la literatura filosófica intenta clarificar esta cuestión, sino que autores y artistas de índole diferente, como los mostrados por tu parte, se han cuestionado y siguen haciéndolo sobre la posibilidad y el carácter del conocimiento por parte del individuo. Poetas como J. A. Goytisolo o "misceláneos" como Miguel de Unamuno o Camus plasmaron su visión particular, su vida, en su producción cultural. San Manuel Bueno Mártir o Calígula son buenos ejemplos de ello.

Y es que desde el principio de los tiempos la humanidad se ha sentido atraída, impresionada, por las fuerzas de la naturaleza, por la vida, respondiendo a sus interrogantes de múltiples formas: Altamira es testigo "sensorial", mudo, de ello, y la mitología grecorromana un sistema "racional" resultante de la experiencia generacional.

El mundo avanza a través de la dialéctica, lucha impetuosa, entre lo apolíneo (luminoso, sereno, dominador) y lo dionisíaco (vital, desbordante, instintivo), lo racional y lo irracional, Modernidad y Posmodernidad. El ser humano se halla en el centro de dicha tempestad, paradoja perpetua de la historia, resultado de mirar inteligentemente, observar e interrogar al mundo.

Distintas personalidades lo han expresado así:

Einstein:
"La experiencia más bella que podemos tener es sentir el misterio... percibir que tras lo que podemos experimientar se oculta algo inalzanzable a nuestro espíritu, la razón más profunda y la belleza más radical, que sólo es accesible de modo indirecto, a través de la religiosidad".

Pascal:
"El silencio eterno de esos espacios infinitos me estremece".

Niko Kazantzakis:
"Hemos visto el más alto círculo de la espiral de los poderes. Lo hemos llamado Dios. Podríamos haberle dado cualquier otro nombre: Abismo, Misterio, Oscuridad absoluta, Luz absoluta, Materia, Espíritu, Última esperanza, Última deseperanza, Silencio".

John B. S. Haldane:
"Sospecho que el universo no sólo es más misterioso de lo que suponemos, sino incluso más de lo que podemos suponer".

James Jeans:
"Seguimos estando prisioneros en la caverna".

Texto budista:
"Si hubiera tantos ríos Ganges como granos de arena tiene el Ganges, y tantos ríos Ganges como granos de arena tienen esos nuevos ríos Ganges, el número de sus granos de arena sería menor que el de cosas no conocidas por el Buda".

Hasta el mundo de la música ha caído rendido a los pies de esta cuestión (disculpadme este atrevimiento):

Amaral:
"¿Cuántos golpes dan las olas
a lo largo del día en las rocas?
¿Cuántos peces tienes que pescar
Para hacer un desierto del fondo del mar?".

Manolo García:
"Alejarme quiero. Adentrarme en el silencio.
Alejarme quiero
de esta vida que yo vivo sin convencimiento.
Y adentrarme en el tiempo de las luces,
barros vivos encendidos por la manos
del misterioso alfarero.
Alejarme quiero. Adentrarme en el silencio.
Caminar sereno. Abandonar esta senda.
Alejarme quiero.
Andar en los atrojes
con las golondrinas de azuladas plumas.
Convertirme en caja de medir fanegas,
arrobas, celemines; ser trigo en las eras,
nunca polvo en las aceras".

Manolo García:
"Que dulce ser trapo blanco henchido al viento del velero que alegre se encabrita.
Que lento ser ciprés viviendo erguido al cielo y saber que todo en este mundo necesita su tiempo.
Que pena no ser ave de paso ni proa que acuchilla siete mares". Desconocemos tantas sensaciones...

Siento haberme extendido tanto. Todo, en esta vida, está CONECTADO...

 
At 01 noviembre, 2006 16:59, Anonymous Daniel G. dijo...

Hola, Fernando, ¿cómo estás? Veo que has mudado el blog a blogger, y te has traído lo que ya tenías escrito. Me alegro de que sigas escribiendo cosas. Este post me ha parecido super interesante, espero que sigas haciendo estos regalos; gracias por tu esfuerzo y por la entrega que se ve en lo que haces.

Me quito el sombrero ante el despliegue intelectual, la sutileza y la sensibilidad tanto del post como de los comentarios de los visitantes. Es una gozada contar con iniciativas personales que funcionen tan bien surgidas del entorno de nuestra universidad.

Creo que poco puedo aportar. El relato que tratas no lo conozco pero me lo apunto. En cuanto a Kubrick, uno de mis directores favoritos, estamos totalmente de acuerdo. Era un genio, y los genios al crear están bebiendo de una fuente común que hace que sus obras sean verdadero arte, aparte de los símbolos que puedan utilizar conscientemente tomados de la cultura. El Resplandor, qué gran película. Su estética además me recuerda muchísimo a la de David Lynch, mi otro director idolatrado. No sé si habrá una influencia ahí en ese sentido.

Bueno, saludos y nos leemos.

 
At 02 noviembre, 2006 00:01, Blogger Fernando dijo...

¡David, me ha encantado tu comentario! Genial la selección de citas y de reflexiones que has hecho. Menudo nivelazo ;-) Sobre todo me ha emocionado mucho leer la relación que has hecho de este artículo con el título y el espíritu del blog. La semilla que, a pesar de su ceguera, consagra todas sus fuerzas a dar lo mejor de sí misma.


Me alegra mucho volver a verte por aquí, Daniel, y ver también que has vuelto a escribir en tu blog. Gracias por los inmerecidos piropos. Pues no he visto aún ninguna película de Lynch, es algo que tengo pendiente hace tiempo. Podrías regalarnos un post sobre él...

Un abrazo a los dos!

 
At 03 noviembre, 2006 19:16, Anonymous Daniel dijo...

Si no has visto nada de David Lynch te recomendaría por ejemplo Terciopelo Azul, para empezar. Me parece que no deja indiferente a nadie.

El "tema Lynch" daría para mucho post. Hace tiempo que me gustaría profundizar sobre su obra y su forma de ver el arte, que tiene tela. A ver si le dedico tiempo un día, gracias por la sugerencia.

 

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