02 noviembre, 2006

Una pequeña farsa

Por un extraño motivo desde que era pequeño me encantan las noches electorales. La de hoy ha sido corta, porque Cataluña escruta muy rápido. Pero me gustan como me puede gustar un partido de fútbol, un entretenimiento rápido y sin demasiada trascendencia, un poquito de emoción, alguna pequeña sorpresa y punto. Y ése es el problema, la enorme irrelevancia del juego.

Porque hoy los catalanes han votado, pero lo más importante, quién va a presidir el gobierno y con quién, queda fuera de su decisión directa. Con los votos de los ciudadanos (cribados, por cierto, por un sistema de distribución de escaños dudosamente adecuado), hay tres opciones, al menos: un gobierno CIU-PSC, un tripartito PSC-ERC-ICV, o un gobierno nacionalista CIU-ERC. Tres programas políticos muy diferentes, sobre el que los ciudadanos nada tendrán que decir. No habrá en los próximos cuatro años un solo mecanismo democrático por el que los catalanes puedan influir en las políticas del gobierno de la Generalitat. Esto es la indirectocracia. La gente vota pero vete tú a saber lo que pasa luego.

Y es que estamos todo el día hablando de estatutos y de repúblicas o monarquías, y queda en el tintero el tema capital: la reforma del sistema electoral e institucional. No es ya soñar con una democracia ideal, con ciudadanos ideales y participación directa. Sino introducir mecanismos correctivos de los fallos del sistema: elección directa con primera y segunda vuelta de los alcaldes, presidentes autonómicos, y presidente del gobierno; reforma del Senado para convertirlo en una verdadera cámara articuladora de las autonomías; abrir vías de participación política en los municipios. Pero esto no ocurrirá, porque el sistema beneficia a los dos grandes partidos, y así nunca cambiará nada. Y mientras, continúa la farsa. Por cierto, seguramente reeditarán el tripartito. O no (atención a la cara de ministro de Durán i Lleida). Pero, ¿a quién le importa?

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6 Comments:

At 03 noviembre, 2006 22:38, Blogger xOsse dijo...

que contradicciones ¿no? Por un lado dices que debería haber segundas vueltas, lo que perjudicaría especialmente a los partidos pequeños, que perderían totalmente poder de decisión; por el otro afirmas que no se cambiará es sistema porque beneficia a los grandes partidos...

¿acaso lo que tu propones no beneficia todavía más a los grandes?

Creo que si hay que convertir definitivamente al senado en una institución de representación autonónica. Lo demás está bien, porque respeta a las minorías.

blog and roll

 
At 03 noviembre, 2006 23:09, Blogger Fernando dijo...

Bienvenido xosse.
Más que contradicción es un intento de equilibro. Los ciudadanos deben tener la posibilidad de elegir a su presidente de forma directa. Los partidos más pequeños no quedarían en la irrelevancia, sino que seguirían siendo importantes para formar las mayorías de gobierno. Pero es que en el actual sistema todo queda fuera de la decisión de los ciudadanos. Todo es negociación y cálculo. Hace falta más mecanismos de control. Y la elección directa del presidente podría ser uno, aunque hay muchos más.

Una cosa es respetar a las minorías y otra muy distinta darles un peso que no tienen.

Un saludo.

 
At 05 noviembre, 2006 20:06, Blogger Alejandro dijo...

Estoy contigo, Fernando. Es el tema que hemos comentado en "cienes y cienes" de cafés. Yo es que, literalmente, lo flipo cuando es el señor Carod Rovira el que declar que "va a estudiar las diversas opciones". Me pone hasta de la mala leche el amigo en cuestión, y yo me pregunto: ¿qué narices tiene que elegir este señor, o su formación, tanto monta, monta tanto? Evidentemente que uno de los principios elementales de un sistema democrático de gobierno es, no ya el respeto a las minorías, sino su integración en la dinámica parlamentaria. Pero, cuidado, de ahí a que la minoría sea objeto de una especie de "discriminación positiva" va un abismo. Imaginémonos una normativa de circulación que rezase: "los conductores deberán circular a la misma velocidad que el vehículo más lento (o el más rápido, a gustos) de cuantos ocupan la vía". O sea: que la minoría nos marque la marcha que nosotros le seguiremos, a cualquie precio. Ya sé que el ejemplo es malo de narices, pero hombre...es que ya va siendo hora de una reflexión seria sobre el sistema electoral vigente. A mi me queda una pregunta pendiente, y vaya por adelantado que las mayorías absolutas no me huelen nada bien; dicho lo cual, pregunto: ¿acaso alguien soño alguna vez con un sistema electoral en el que gobernase el partido menos votado? Me temo que no, salvo en los mundos de Yupi, así pues lo sigo flipando con la realidad electoral catalana que, dicho sea de paso, marca buena parte del compas y la agenda del gobierno en Madrid.

Ah, Fernando...desde el cariño y la confianza que te tengo: ¿cómo te pueden gustar las noches electorales, por Dios? Yo, en el polo opuesto, evito todo medio informativo durante la jornada electoral, y no quiero conocer ningún resultado hasta la mañana siguiente. Y es que cuando uno sabe que el resultado nunca le va a satisfacer, empieza a pasar de todo, aunque no debería.

Perdonen ustedes la extensión y los excesos, pero es que con alguien tiene uno que desahogarse minimamente de sus penas políticas.

Un abrazo!

 
At 12 noviembre, 2006 11:15, Anonymous JoseAngel dijo...

Hola Fernando. Pues a veces yo pensando sobre el tema no dejo de sorprenderme que se acepte alegremente que las leyes puedan dejar fuera del gobierno al segundo partido más votado, ¡e incluso al más votado! para someter el gobierno al juego de alizanzas partidistas y de la politiquilla en el peor sentido de la palabra. No se aceptaría que sucediese lo mismo por sistema para el legislativo, donde también la ley d'Hondt distorsiona el tema pero menos, vamos: imagínate que quedase FUERA DEL PARLAMENTO el partido más votado, o el primer partido de la oposición. Sería escandaloso, ¿no? Bueno, pues estamos tan bien acostumbrados que lo mismo no nos parece escandaloso con respecto al ejecutivo, sino "lo que hay que hacer" sin más discusión cuando las alianzas lo permiten. Una ley que obligase a constituir gobierno conjuntamente a los partidos más votados evitaría también muchos bandazos súbitos de la política que no se corresponden con cambios reales en el país. ¿Inconvenientes? Por supuesto que los habría. Pero mayores inconvenientes que el sectarismo al cuadrado que se lleva ahora, pues no se me ocurren.

 
At 17 noviembre, 2006 02:49, Blogger Fernando dijo...

Estoy de acuerdo contigo en todo, Alejandro. Lo de las noches electorales me lo haré mirar :-P

Me ha parecido super interesante lo que planteas, José Ángel. Otorgamos con facilidad la legitimad a gobiernos monocolores y no pensamos nunca en una especia de colegialidad como la que propones. De todos modos, sería algo muy difícil en la práctica, sobre todo en la distribución de carteras. ¿Un ministro de trabajo intervencionista y socialdemócrata junto a un ministro de economía liberal y favorable a presupuestos restrictivos? Sería problemático. Lo que sí veo más posible son otros mecanismos de equilibrio para evitar esos bandazos súbitos de los que hablas. Un congreso y un senado al mismo nivel, con diferentes sistemas electorales que arrojaran diferentes mayorías y obligaran al pacto...por ejemplo.

Sea como sea, es un debate que hay que abrir urgentemente, y que parece que no interesa a nadie, cuando es uno de los problemas fundamentales del sistema actual.

Saludos!

 
At 28 noviembre, 2006 09:56, Anonymous Chorche dijo...

Es fácil de entender, la verdad. Nuestro sistema elige Parlamentos, no presidentes ni gobiernos. Después el Parlamento (votado por los ciudadanos) vota al presidente, y por tanto, cualquier mayoría que salga de ahí es, absolutamente, impepinablemente, legítima, democrática y representativa (en la medida que la ley electoral lo es, por supuesto). Es decir, que tanto da que sea el primero o el último partido en resultados el que gobierne. Si la mayoría del parlamento lo elige, es el que el pueblo (por medio de sus representantes), elige. ¿Qué debe existir una normal digamos moral, para que gobierne el más votado?. Bueno. podría haber una para que los partidos respeten los programas, por ejemplo, me parece mucho más importante. De hecho, si todos los partidos respetaran los programas, probablemente no habría demasiada oposición, salvo en temas puntuales. Cada vez los programas son más vagos y sobre todo, más políticamente correctos, con lo que es difícil distinguir unos de otros. Por otra parte, seguimos teniendo un jefe de estado hereditario, lo cual dificulta, sobremanera, tanto la separación y crítica de figuras representativas, como la alternancia en los poderes.Entre otras cosas, porque el jefe de estado hereditario procura meterse en sus asuntos, y no en los de todos, afortunadamente.

 

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