El peor fin de año posible
Ayer el año 2006, si se me permite la personificación, se reflejó en un espejo deformante y en un solo día se agudizaron sus rasgos más horribles. Que son, al fin y al cabo, los rasgos de este raro comienzo de siglo. Lo único bueno del asunto es que todos quedan retratados en momentos así, libres de focos y maquillajes. El esperpento es a veces la mejor forma de comprender la realidad. Y un aparcamiento destrozado y una horca oscura son elocuentes resumentes del esperpento. Para qué decir más.
Y hoy tras la resaca, las cosas aún son peores. Por primera vez no hay una concentración unitaria en contra del terrorismo. Por primera vez tras un atentado se oyen más gritos contra el gobierno y las instituciones que contra ETA. No seré yo quien señale a los responsables de la situación, pues en todos los actores hay parte de culpa. Pero la foto que me quedará grabada este fin de año es la de esa Puerta del Sol llena de gente responsabilizando al gobierno de un atentado terrorista. Esa gente que lleva la bandera de España hasta en la goma de los calzoncillos pero que no duda en atacar a sus propias instituciones en un momento de crisis.
Hoy todos han quedado retratados. Y no voy a escribir aquí mis conclusiones, pero una lectura de los editoriales y artículos de opinión de la prensa nacional, en papel y digital, es suficiente para ver dónde está cada uno. Estos días he leído cosas que ojalá no hubiera visto nunca. No voy a dar referencias, que cada uno juzgue la realidad como quiera. Pero estamos peor que nunca.
Mi único consuelo es que todos han salido en la foto. Todos han elegido su sitio. Para mi universo moral es suficiente.
Así que os deseo a todos un feliz año nuevo. Ojalá lo empecéis más esperanzados que yo. Un abrazo.












