11 febrero, 2007

De pronto, Babel

Nos gusta vivir en un mundo protegido. Queremos saber, sí, pero que el conocimiento no nos ponga en peligro. Vivimos en nuestro pequeño universo de ideas domesticadas y de verdades inofensivas. Y de vez en cuando abrimos la ventana al mundo y vemos en el telediario bombas en Bagdad, pateras en Canarias, muertos en la frontera con Estados Unidos, una hambruna por aquí, un huracán por allí. Son realidades controladas.

Pero de pronto, no demasiado a menudo, una película rompe las reglas y se empeña en mostrarnos que la gente que se asoma a nuestras televisiones no es de atrezzo. Porque si algo tiene de valioso Babel es que sus personajes son personas y como tal son dibujadas por el trazo maestro de Alejandro González Iñárritu. Personas, y no simples guiñoles que sufren o sonríen. No son figurines ejemplares que pretenden apoyar un discurso, como en tantas otras películas. Ellas en su esencia humana y contradictoria son el discurso. Y ello con un atrevimiento casi insultante. Osadía técnica (la escena de la discoteca roza visualmente lo experimental), pero sobre todo argumental. No se puede llamar de otra manera al intento de unir cuatro historias que juntas conforman un brutal mosaico de un mundo globalizado y desconcertante. Claro que es un mosaico parcial e incompleto. Pero es su valiente intento de comprender lo que la convierte en una película imprescindible.

Babel es además una mirada nítida a la comunicación, a las relaciones humanas: la de los niños con su cuidadora-madre; la de los hermanos Abel y Caín redimido, como muy agudamente señala Ireth (me ha encantado tu reseña); la de Richard y su guía marroquí; la de Richard y su mujer, dibujada con trazos tan sutiles; la de la chica japonesa y su padre, que regalan una escena final preciosa... Una mirada madura y crítica, en la que no hay verdugos (un niño cabrero con un fusil no lo es), pero tampoco víctimas. Una mirada desde la frontera.

Y sin quererlo salgo de ver la película pensando que allí donde la pintura, la música o incluso la literatura contemporáneas se sienten desorientadas, el cine irrumpe insolente. Y quedo convencido de que el lenguaje cinematográfico es el mejor medio de reflexión colectiva de nuestro tiempo.


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04 febrero, 2007

Manifestaciones

Estoy convencido de que la unidad de todos es el principio básico para derrotar al terrorismo y de que nunca habíamos llegado a tales cotas de confusión y cinismo en esta materia. Lo primero es responsabilidad evidente del gobierno y de la actitud inclasificable por lo brumosa de Zapatero. Lo segundo lo comparten gobierno y oposición, aunque el Partido Popular está demostrando ser más ávido en las lides de la rentabilidad política. Bueno, cuestión de gustos. La cuestión es que la situación no puede ser peor frente a una ETA que demostró en Barajas que es la de siempre.

Ahora bien, hay algo en todo esto que no deja de ser luminoso. Sobre todo viéndolo desde fuera, sin prejuicios, leyendo lo que dice la prensa extranjera sobre la manifestación. Porque el hecho de que se den en un mes dos manifestaciones contra el terrorismo de signo tan diferente, con lemas, con maneras, con estética tan diferente es signo de división y de confrontación, sí; pero también lo es de madurez y de complejidad de una opinión pública desarrollada. Que una red de asociaciones consiga sacar a la calle a casi 200.000 personas (cálculos estrambóticos a parte) para pedir al gobierno que cambie su política en un tema de tanto calado moral como el terrorismo es algo tremendamente interesante desde el punto de vista histórico. Demuestra que un sistema democrático de sólo treinta años de edad está consiguiendo consolidar una opinión pública con alternativas, que reacciona a los cambios de gobierno, que pide en la calle cambios de política. Sobre todo si tomamos como referencia las diferentes concepciones de la protesta pública en países como Estados Unidos o el Reino Unido o, en la esfera opuesta, los países del este de Europa.

Ojalá hubiera dos alternativas tan configuradas en otros temas menos espinosos y traumáticos (y de mayor calado social). Pero al menos demuestra cierta pérdida de miedo al debate y a la confrontación de ideas. No todo es tan malo...

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03 febrero, 2007

La capilla de Barceló en Palma

Las catedrales son seres vivos que crecen y evolucionan con los años. Hace unos días Miquel Barceló ha terminado su personal aportación a la bella y larga vida de la catedral de Palma de Mallorca. Un trabajo que deslumbra en las pocas fotos que hasta ahora se han conocido y que debe de ser espectacular. Respetando los colores y la luz del templo gótico Barceló ha sumergido una de sus capillas en el mar, tiñendo las vidrieras y cubriendo las pareces de arcilla modelada con formas marinas. Un lenguaje escultórico precioso que sobrepasa los conceptos tradicionales de decoración religiosa. Para verlo.





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