07 julio, 2007

¿Sueñan los ministros con ovejas eléctricas?

"María Antonia, tu has sido durante todo este tiempo una amiga y lo seguirás siendo". Esta declaración del presidente del Gobierno a la ministra de Vivienda, María Antonia Trujillo, fue lo que más satisfizo a esta catedrática de Derecho. Con Trujillo empezó la ronda de los cesantes. No es de extrañar esta confesión de Zapatero si se tiene en cuenta la reacción de su todavía ministra: "Presidente, claro, tú me nombraste, tú me cesas, no pasa nada". Y, además, expresado con su más amplia sonrisa. (EL PAÍS.com, 7/7/7)

¿Y después qué? ¿Qué hace un ministro cuando lo cesan? Me imagino a la dulce ministra extremeña llegando a su solitario apartamento de la capital, después de hablar con el presidente. Deja las llaves en el platito del hall, va a la sala de estar y se deja caer en el sofá. Enciende un cigarrillo y... ¿llora? ¿Se emborracha con media botella de ginebra que le había sobrado de la última fiesta de agentes inmobiliarios que organizó en su casa? O a lo mejor dejar ese ministerio tan raro no es ningún motivo para llorar. Entonces, ¿qué? ¿Se ríe? ¿Llama a sus pacenses padres para celebrarlo? ¿Se emborracha con la media botella de ginebra?

Aunque yo creo que los ministros son como los replicantes de Blade Runner (película que estos días ha cumplido 25 años), programados para varios años con recuerdos ficticios y sentimientos falsos. Y cuando aparece un Nexus de nivel mayor, un Blade Runner los retira. Aunque ya le gustaría a Zapatero parecerse a Harrison Ford...


Bueno, aprovecho estas líneas locas para desearos felices lo-que-sea veraniegos (playas, montañas, campamentos, sanfermines, berlines, londreses, balnearios, etc., etc.). Yo estaré unos días en Cantabria, poniéndome moreno y viendo películas. Os recomiendo el plan. Muchos besos y deseos de paz y amor.

01 julio, 2007

Caín y Abel

Después de haber tenido esto un poco abandonado (más que por los exámenes en sí, por la papilla mental que me provocan), toca ahora, daikiri en mano y a modo de terapia reconstructiva, añadir una nueva película a nuestra filmoteca particular. Y una de las buenas además.

Llevaba mucho tiempo queriendo ver Al este del Edén -Julia me la había recomendado- y por fin he podido disfrutar de esta impresionante reflexión sobre el ser humano y sus sentimientos más primarios. La mirada es profunda y apasionada y se amalgama con la cámara hasta tal punto que ambas son una misma cosa, creando un impacto visual de perfección técnica indescriptible.

Pero si algo permanece impresionado en mi retina es el personaje doloroso y brillante -como un fuego al rojo, que si se toca queda la marca para siempre- de Cal, interpretado por James Dean. En él se concentra una carga titánica de sentimientos que va moviendo la película hacia un final incierto pero que nuestra alma de hijos de Adán intuye desde el principio de la película. Cal es un animal infeliz e inquieto en el Edén, incapaz de ser como su hermano Aron, imagen perfecta de lo que su padre espera de ambos. La frustración de intentarlo lleva a la película al retrato descarnado del dolor más inmenso, de la angustia más horrible. Porque Cal no sabe ser el hijo que su padre desea. O tal vez sea el padre el que no sabe que en realidad no desea a su hijo. Pero la película intenta el encuentro y pasa de los planos inclinados, que transmiten la inestabilidad vertiginosa de su relación, a ese plano magnífico en el que ambos ven alejarse el tren de sus esperanzas: uno el humo negro, el otro el humo blanco, que le sigue. Un bello abrazo basado en la incomprensión. Un viaje que no puede acabar bien, porque el encuentro entre los dos es imposible.

Así se ve en una de las escenas finales, que no me resisto a poner, por su perfección técnica y por resumir brillantemente el argumento de la película. Tal vez es preferible que los que no hayáis visto la peli no lo miréis, porque revela alguna cosa. Si es así, recomiendo que la veáis, porque es una película impresionante, a la que todavía sigo dando vueltas. Tal vez escriba algo más dentro de un tiempo, pero quería fijar aquí la primera impresión. Os dejo con el clip. En él, la cámara logra el máximo punto de inestabilidad al seguir el movimiento del columpio, para luego volver a un plano inclinado, como los del principio de la película. La tensión entre padre e hijo no puede ser mayor. En esta escena Cal está a punto de renunciar a todo amor, incluso al de ella. En ese sentido, el final de la película cobra un significado liberador y optimista, esperanzado a pesar de las circunstancias.



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