14 septiembre, 2007

Jumièges

Descendiendo el Sena, a veinticinco kilómetros de la para mí inolvidable ciudad de Rouen, se encuentra un lugar mágico. El río serpentea, como un dragón grisáceo. Y en Jumièges parece que en uno de esos coletazos hubiera perdido parte de sus escamas plateadas, convertidas por unas manos sabias en ladrillos inmortales.


Pincha aquí para ver el álbum completo.


Un lugar de poderosa memoria y de profunda melancolía. Un lugar para comenzar un viaje de invierno


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11 septiembre, 2007

La voz de oro (Luciano Pavarotti, in memoriam)

Cuando una voz penetra con su fuerza y su brillo hasta lo más profundo del alma, nada puede matar su recuerdo. Una vez que la ha oído, el corazón no late sino que vibra acariciado por su eco inolvidable. Una de esas voces que vuela hacia lo sublime, que nunca toca el suelo. Como la de Maria, cuyo eco no ha desfallecido desde que dejó de sonar (el domingo 16 se cumplirán 30 años).

He hecho una pequeña selección de algunos vídeos en Youtube. Especialmente os recomiendo el segundo y el octavo. Que los disfrutéis tanto como yo.


Artículos dedicados a su voz en el blog Esta noche barra libre

06 septiembre, 2007

Belleza

Primero fue un montaje precioso hecho a base de retratos femeninos de toda la Historia del Arte occidental. Ahora son los rostros del cine los que se van transformando hipnóticamente al compás del chelo. Atención al cambio en el canon de belleza. Yo me quedo con Ingrid Bergman, cómo no... ¿Y vosotros?

01 septiembre, 2007

Bellos andamios

Cada vez que visito una catedral gótica no puedo evitar tener siempre la misma sensación. La certeza de que todo el edificio exterior no es más que un envoltorio, un andamio. Ni siquiera la extrema belleza arquitectónica de algunos arbotantes es capaz de ocultar su funcionalidad, su mero papel de refuerzo, de muleta. O los rosetones y los ventanales vistos desde fuera. No son más que pálidos caballetes, tan sólo bellos para nosotros, los modernos, que amamos la piedra desnuda. Pero es sólo al entrar en el interior de la catedral cuando el espectador entiende el sentido de tanto bastón exterior, de tanta bambalina. Porque el imponente exterior de un catedral no es más que el envoltorio de lujo, un andamio de oro que construye delicadamente el espacio interior. Da igual lo altas que sean las linternas del crucero; lo importante es esa luz misteriosa y de extrema belleza que lanzan sobre el altar de la catedral de Rouen. Qué importa lo elegante de las tracerías de los ventanales de la catedral de Chartres; su única misión es ser el bello marco de las vidrieras, esas vírgenes amantes del sol:

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